Elsa Oesterheld

Rosario, Agosto de 2007.

Entrevista a Elsa de Oesterheld

"En la obra de mi marido está la exaltación del derecho de los hombres a vivir en libertad"

“En la obra de mi marido está la exaltación del derecho de los hombres a vivir con libertad. Ahora, estoy viviendo la felicidad de ver que su sueño ha llegado más , mucho más lejos. A mí me tocó un rol que jamás imaginé, porque quedé sola. Y, ahora, que veo el país empezando a andar, que además está el reconocimiento oficial de su trabajo, comienzo a recoger un poco la esperanza que él tenía y, por otro lado, la satisfacción de pensar

que, si es verdad que en algún lado está, tenga la alegría de ver que se logró lo que él aspiraba: que su obra esté al alcance de todo el mundo. Nada más. Pero para mí es muchísimo”. Elsa Sánchez es la esposa del escritor Héctor Germán Oesterheld, creador de “El Eternauta” –de cuya primera edición se cumple medio siglo–, víctima de la última dictadura militar junto a sus cuatro hijas. Tras la tragedia familiar, Elsa quedó a cargo de dos de sus nietos –a otros dos los sigue buscando– y en las últimas tres décadas ha tenido una participación vital en la vida social, con su actividad en organismos de derechos humanos, y cultural, a partir de la reivindicación de la obra de su esposo. Si bien afirma que “el talento era de él”, ella ha sido artífice de la expansión y el reconocimiento de la producción de Oesterheld, quizá el principal responsable de que la historieta, un género propio de la cultura de popular y masiva –básicamente ligado al entretenimiento–, adquiera una dimensión comparable con otras ramas del arte.

De hecho, el gobierno argentino ha declarado de interés nacional la obra de Héctor Germán Oesterheld y el Ministerio de Educación nacional ha incluido parte de ella en programas de promoción de la lectura, al tiempo que algunas editoriales la incorporan en materiales pedagógicos.

Elsa elude el elogio. “Sucede que fui la única persona que quedó para desarrollar la obra de Héctor”, explica esta mujer, que parece tomar como natural lo que es una virtud y que contrasta con la actitud de otros herederos de creadores, quienes se sienten “carceleros” de sus producciones y sólo pretenden sacar rédito comercial de ellas. Nada de eso sucede con ella, a quien la gratifica particularmente la llegada de la obra de Oesterheld al campo de la educación. “Él creía que se podía hacer mucho con la historieta como metodología educativa, que los chicos podían aprender de otra manera, y hoy eso se cumple, porque se ha hecho un material para la enseñanza a pedido del Ministerio de Educación”.

El pasado 22 de agosto, Elsa Sánchez de Oesterheld visitó Rosario para participar de “Imposible EVITArte. Historieta, juventud y política”, una actividad que organizó la Juventud del Frente para la Victoria, y en la cual también intervinieron el dibujante Francisco Solano López, el periodista especializado Fernando García, el editor Javier Doeyo y el diputado nacional Rafael Bielsa.

El encuentro planteado como un homenaje –en coincidencia con el aniversario del “renunciamiento histórico” de Evita– permitió comprobar la vigencia de la historieta, en virtud de la nutrida concurrencia de artistas y aficionados al género. En suma, fue un acto de reparación cultural hacia una expresión artística estrechamente ligada al campo nacional y popular. Fue, además, la oportunidad para dialogar con Elsa.

En distintos tramos del diálogo, destaca a Oesterheld como un precursor. “Él le abrió el camino como otra forma de arte. Dio vuelta el concepto de la historieta, que era sólo para entretener y él hizo de ella un género que puede educar”. También reconoce la capacidad para anticipar escenarios a través de la ficción: “Fue una premonición del mundo que estamos viviendo, porque «El Eternauta» fue escrito en la década del 50”. Incluso, apunta que por la rigurosidad con que concebía sus guiones –en cuanto a la ambientación geográfica e histórica– cree que “hoy él sería un gran director de cine”.

—¿Cómo toma los reconocimientos oficiales a la obra de su marido?

—Cuando estaba Rafael (Bielsa, como canciller) hizo que la obra de mi marido se declarara de “interés nacional” y eso para mí fue una satisfacción muy grande. También que lo pidan todas las editoriales que hacen libros de texto. Por supuesto, a todos les doy la autorización para publicar algo de mi marido. Y lo que no deja de sorprenderme es que lo leen en todos los países. Me llama la atención, porque son otras culturas, porque está hecho para los argentinos, aunque la obra tiene valores universales.

—Continuadores de escritores suelen retacear las obras o sólo piensan en el lucro, y usted hace todo lo contrario…

—Mi marido estuvo prohibido por todo el Proceso. Los libros de mi marido se quemaron…

La frase queda suspendida y se comprende en su dimensión, cuando Elsa vuelve a los 70, a los sucesos que vivió su familia, y a las prioridades que debió fijarse para seguir adelante: la lucha por el paradero de sus seres queridos, la crianza de dos de sus nietos. Luego, la reivindicación de la obra de su esposo, y la consiguiente defensa de los derechos de ella. Todo en una sola persona. ”Hoy yo formo parte de esta historia por todo lo que pasó”, dice.

—¿Incursiona en actividades nuevas?

—No, estoy grande. Yo fui mutilada, son nueve personas que a mí me faltan. Salir de esto cuesta. La experiencia que tengo de vida y verme rodeada de gente joven, que le gusta charlar conmigo, es una parte importante para mi vida también.

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